De ermitaños a mendicantes


Manuscrito de la Santa Regla

Entre 1206 y 1214 (tradicionalmente se establece en 1209), el Santo Patriarca Alberto de Jerusalén les entregó una fórmula de vida o Regla que sintetizaba el ideal del Ermitaño Carmelita:

- Vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y buena conciencia. 
- Meditar continuamente la Ley del Señor. 
- Celebrar a diario en común la Sagrada Liturgia. 
- Renunciar a la propiedad personal de bienes. 
- Con las armas que Dios ofrece, vivir en profundidad la fe, la esperanza y la caridad en el seguimiento de Cristo a través de la ascesis evangélica. 
- Practicar la comunión de vida en fraterna solicitud bajo la obediencia al Prior, la observancia religiosa, el trabajo manual y el celo por la salvación de las almas.
- Cultivar la oración en soledad, silencio y vigilancia evangélica. 

 
Aprobación de la Santa Regla

Tras las incursiones sarracenas, los Ermitaños Carmelitas abandonaron Tierra Santa y se presentaron en Europa. Las dos primeras fundaciones tuvieron lugar en Francia (Valenciennes y Aygalades). El 30 de enero de 1226, Honorio III confirmó la Regla. En 1247, Inocencio IV la aprueba definitivamente. Con esta aprobación pontificia, la Orden es asimilada al estilo de vida de las Órdenes Mendicantes, se abandona el eremitismo y junto a la fidelidad al espíritu primitivo de recolección, a los Carmelitas se les confía una misión apostólica en la Iglesia (predicación, sacramentos y culto mariano esencialmente). La Orden desaparece del todo en Tierra Santa con la caída del Reino Latino de Jerusalén en 1291 por la invasión musulmana.
 
Beato Juan Soreth (1394-1471)

La adaptación a Europa bajo la forma del cenobitismo mendicante supuso la extensión de la Orden por varios países. Pero tampoco se vio exenta de la polémica. Muchos deseaban volver a la vida eremítica, como el Prior General Tomás Gálico con su obra Ígnea sagitta. Las mitigaciones efectuadas a la Regla por Eugenio IV entre 1434 y 1435 (sobre la obligación de permanecer en la celda, sobre la erección de los conventos en lugares apartados y sobre la abstinencia de la carne) trajeron también conatos de reforma para combatir el debilitamiento del espíritu religioso. Movimiento que tenía lugar también en las otras grandes Órdenes de la Iglesia. El General, Beato Juan Soreth (1451-1471), luchó por llevar adelante la reforma de la Orden que cristalizó en pequeñas reformas locales hasta la irrupción de la gran Reforma Descalza de Santa Teresa de Jesús.