6. Dos textos constitucionales aprobados



El Beato Juan Pablo II en el locutorio de La Encarnación (1982)

En 1990, el Beato Juan Pablo II aprueba unas nuevas Constituciones a partir de la revisión de las de 1926. De nuevo, la promulgación de un nuevo Código de Derecho Canónico (junto al decreto conciliar Perfectae caritatis sobre la adecuada renovación de la vida religiosa) impele a renovar los textos constitucionales de las Carmelitas Descalzas. Estas Constituciones fueron propuestas por las Prioras de San José, primera fundación teresiana, y del Cerro de los Ángeles, primera fundación de Santa Maravillas de Jesús. La preocupación de las Prioras, que hablaban en nombre de más de noventa monasterios, era la que se esconde tras la cuestión: ¿Dio Santa Teresa normas de vida religiosa válidas únicamente para su tiempo? Resulta difícil contestar afirmativamente, si se observa el empeño de la Santa en guardar la observancia y fidelidad a la Regla y las Constituciones.


Santa Maravillas de Jesús

No todos los Carmelos femeninos tenían este mismo sentir. Como señalaba Juan Pablo II, la problemática correspondía “más bien a diversas modalidades de interpretar la adaptación a las cambiadas condiciones de los tiempos (Perfectae caritatis, 2), y de formular la legislación de los Institutos religiosos, cuya aprobación es competencia exclusiva de la Santa Sede. Se trata, por tanto, de apreciaciones diferentes que nacen de una misma voluntad de fidelidad al Señor, y que la Santa Sede ha querido respetar, así como respeta la libertad que cada monasterio tiene de optar por uno u otro de los textos constitucionales aprobados”. En 1991 serán aprobadas las Constituciones de los monasterios que deseaban una mayor suavización de la vida conventual. Éstos guardan vínculo jurídico con el Prepósito General de los Carmelitas Descalzos.


Vivimos para...

Cada Carmelita Descalza debe:
Buscar en su corazón el canto del Amado
que la atrae y la enamora.
Para eso se va al Carmelo.
Para ser sola de Él y de nadie más.
Su ofrenda hecha desde el desprendimiento
de su alma en plena libertad,
ha de renovar su amor al Amado
un número ilimitado de veces
a cada instante de su vida.
No vive sino para amar a Jesús.

La oración es diálogo con el Señor,
es intimidad y amistad...
por eso la Carmelita dedica dos horas especiales
cada día para hablar con él.
Pero toda la vida del Carmelo
es vida de oración...
se le piensa, se le respira a cada paso.
Su presencia lo llena todo.