"Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al Cielo, un grito de agradecimiento y de amor en las penas, como en las alegrias". (Sta. Teresa de Jesús)
Y he aquí que en el seno del Carmelo Descalzo femenino se han abierto dos caminos de perfección, ambos aprobados por la Iglesia. Ante esta encrucijada queda la elección de las llamadas por Jesucristo. De la Carta de Juan Pablo II a las Madres Carmelitas Descalzas (1991):
"En esta circunstancia me dirijo con afecto a todas las Carmelitas Descalzas, con motivo de la aprobación de un nuevo texto de las Constituciones. Termina así un largo proceso en el que la Santa Sede, consciente de la gran importancia de vuestra vocación específica, tanto para la familia del Carmelo como para toda la Iglesia, ha sometido a un particular discernimiento vuestra legislación, para salvaguardar la herencia espiritual de Santa Teresa (…) La Santa Sede, respondiendo a la petición de un grupo de monasterios, aprobó el 8 de diciembre de 1990 un texto de Constituciones para las Carmelitas Descalzas (…) y dejó libertad para que otros monasterios de la Orden pudieran adoptarlo como norma de vida."
"El amor de Dios se adquiere resolviéndonos a trabajar y a sufrir por Él". (Sta. Teresa de Jesús)
"Ahora, acogiendo los deseos de los demás monasterios, la misma Santa Sede ha aprobado también otro texto de Constituciones para las Carmelitas Descalzas. La elaboración de este texto (…) ha sido realizada teniendo también en cuenta los pareceres de los monasterios, recogidos por el Prepósito General de la Orden de Carmelitas Descalzos."
"Ambos textos, aprobados igualmente por la Iglesia, quieren ser una fiel interpretación del carisma teresiano. Éste permanece inalterado, así como el estilo de vida propuesto por la Santa Madre en sus Constituciones y otros escritos suyos. Sus diferencias no se refieren, por tanto, ni a la substancia del carisma contemplativo carmelitano-teresiano ni al necesario y constante retorno a su primigenia inspiración."
"Considero yo muchas veces, Cristo mio, cuán sabrosos y cuán deleitosos se muestran vuestros ojos a quien os ama, y Vos, Bien mio, queréis mirar con Amor". (Sta. Teresa de Jesús)
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